Creacion de los planetas

Mercurio

Cualquier teoría sobre cómo se formó el Sistema Solar debe tener en cuenta ciertos hechos bastante complicados. Sabemos que el Sol se encuentra en el centro del Sistema Solar y que los planetas orbitan a su alrededor, pero esto plantea cinco grandes problemas:
Teniendo en cuenta todas estas cuestiones, la ciencia ha sugerido cinco teorías clave consideradas “razonables”, ya que explican muchos (pero no todos) de los fenómenos que presenta el Sistema Solar. Descubra más a continuación.
El problema es el de conseguir que la nube forme los planetas. Los planetas terrestres pueden formarse en un tiempo razonable, pero los planetas gaseosos tardan demasiado en formarse. La teoría no explica los satélites ni la ley de Bode, por lo que se considera la más débil de las aquí descritas.
Una nube interestelar densa produce un cúmulo de estrellas. Las regiones densas de la nube se forman y coalescen; como las pequeñas manchas tienen espines aleatorios, las estrellas resultantes tendrán bajas tasas de rotación. Los planetas son manchas más pequeñas capturadas por la estrella.
Las pequeñas manchas tendrían una rotación más alta que la que se observa en los planetas del Sistema Solar, pero la teoría lo explica haciendo que las “manchas planetarias” se dividan en planetas y satélites. Sin embargo, no está claro cómo llegaron los planetas a estar confinados en un plano o por qué sus rotaciones son en el mismo sentido.

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La formación y evolución del Sistema Solar comenzó hace unos 4.500 millones de años con el colapso gravitatorio de una pequeña parte de una gigantesca nube molecular[1] La mayor parte de la masa colapsada se acumuló en el centro, formando el Sol, mientras que el resto se aplanó en un disco protoplanetario a partir del cual se formaron los planetas, lunas, asteroides y otros pequeños cuerpos del Sistema Solar.
Este modelo, conocido como hipótesis nebular, fue desarrollado por primera vez en el siglo XVIII por Emanuel Swedenborg, Immanuel Kant y Pierre-Simon Laplace. Su desarrollo posterior ha entrelazado diversas disciplinas científicas, como la astronomía, la química, la geología, la física y la ciencia planetaria. Desde los albores de la era espacial, en la década de 1950, y el descubrimiento de planetas extrasolares, en la de 1990, el modelo se ha puesto en tela de juicio y se ha perfeccionado para tener en cuenta las nuevas observaciones.
El Sistema Solar ha evolucionado considerablemente desde su formación inicial. Muchas lunas se han formado a partir de discos de gas y polvo que giran alrededor de sus planetas progenitores, mientras que otras lunas se han formado de forma independiente y posteriormente han sido capturadas por sus planetas. Otras, como la Luna de la Tierra, pueden ser el resultado de colisiones gigantescas. Las colisiones entre cuerpos se han producido continuamente hasta nuestros días y han sido fundamentales para la evolución del Sistema Solar. Las posiciones de los planetas podrían haberse desplazado debido a las interacciones gravitatorias[2]. Actualmente se piensa que esta migración planetaria fue la responsable de gran parte de la evolución temprana del Sistema Solar.

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Los planetas se forman a partir de los discos protoplanetarios de gas y polvo que, según se ha observado, orbitan alrededor de las estrellas jóvenes (la hipótesis de la nebulosa que fue propuesta por Kant, Laplace y otros en el siglo XVIII). Una vez formadas, las órbitas planetarias pueden ser
Figura 1: Ilustración esquemática que muestra cómo crecen la masa del núcleo (línea azul) y la masa total (núcleo + envoltura: línea roja) en un cálculo de formación de planetas gigantes por acreción del núcleo. A la formación de un núcleo de 10-20 masas terrestres le sigue primero un lento crecimiento cuasi-estático de la envoltura, antes de que se produzca finalmente una acreción desbocada de gas. La escala temporal de la fase lenta de crecimiento es de unos pocos millones de años.

Neptuno

Skip to main contentRebajas de fin de veranoAhora mismo Esta representación artística muestra un disco de gas y polvo girando alrededor de una estrella joven. Los planetas nacen dentro de estos discos, pero los detalles exactos de su formación siguen siendo objeto de intenso debate entre los astrofísicos. Crédito: ESO/L. CalçadaPublicidad
Se parte de un disco de gas y polvo que se arremolina alrededor de una estrella recién nacida. Los granos de roca y minerales del disco se agrupan de algún modo y acaban formando un mundo entero. Pero la forma exacta en que las partículas de polvo se adhieren entre sí ha dejado perplejos a los científicos durante mucho tiempo. Las fuerzas electrostáticas podrían formar grupos del tamaño de un guijarro, de forma similar a como se forman los conejitos de polvo debajo de un sofá. Pero este proceso desaparece a mayor escala, ya que los objetos más grandes rebotan o se rompen en lugar de pegarse cuando chocan. Algo más debe guiar el crecimiento temprano de los planetas, pero ¿qué?
Una posible respuesta al misterio surgió hace una década, cuando los astrofísicos Andrew Youdin, ahora en la Universidad de Arizona, y Jeremy Goodman, de la Universidad de Princeton, descubrieron que los granos de polvo que se arrastran contra el gas en un disco pueden formar las semillas de los planetas. Youdin y Goodman llamaron a su mecanismo propuesto de formación de planetas la “inestabilidad de flujo”.

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