Ejemplos de parabolas en la vida cotidiana

Parábola del tesoro escondido

El término “buen samaritano” se refiere hoy a una persona que ayuda a otros en un acto de bondad al azar. Tiene su origen en la parábola del buen samaritano, una historia que resulta muy familiar para los cristianos.En la historia, un judío fue robado y abandonado a su suerte por sus asaltantes. Dos hombres muy respetados pasaron junto a él, pero decidieron alejarse. Entonces llegó un samaritano. A diferencia de los otros dos, atendió las heridas del hombre y lo llevó a una posada. Luego le dio dinero al posadero diciéndole: “Cuida de él y, cuando vuelva, te reembolsaré cualquier gasto que tengas”.Lo que hace que esta historia sea muy convincente es que los judíos y los samaritanos son enemigos históricos. Los judíos no se hablan con los samaritanos porque los consideran renegados. Pero, ¿qué tiene que ver una historia milenaria con nosotros? Como cualquier parábola, Jesús utilizó esta historia para enseñarnos lecciones sobre la vida y sobre Dios. He aquí algunas de las lecciones más valiosas de la parábola del buen samaritano que tanto se relacionan con la vida de hoy:

Parábola moderna de la oveja perdida

Jesús utilizaba a menudo las parábolas para enseñar a la gente y para hacer un punto. Las parábolas son un estilo judío de contar historias. Las historias se basan en la vida cotidiana. Las parábolas suelen contener algún elemento extraño o inusual, y se utilizan para ilustrar o comparar ideas. No definen las cosas con precisión, sino que utilizan comparaciones para indicarnos cómo funciona Dios. El significado de las parábolas nunca es demasiado obvio y, de hecho, el propósito de las parábolas no es resolver las cuestiones, sino desafiarnos a pensar más profundamente en ellas.
Dado que las parábolas están sacadas de la vida cotidiana, parecería que Jesús las utilizaba para facilitar a sus oyentes la comprensión de su mensaje. Sin embargo, si lees Mateo 13:10-17, verás que Jesús no esperaba que la gente entendiera lo que decía. Si crees que sabes lo que significa la parábola a primera vista, lo más probable es que te hayas perdido el objetivo. Esto se debe a que las parábolas no son tan claras como cabría esperar. Siempre hay alguna duda sobre el sentido exacto de la historia, y el resultado es que el oyente o el lector se pregunta por qué la historia es tan extraña o inquietante… ¡Eh, eso no tiene que pasar así! Se empieza a pensar más profundamente en el significado de la parábola. Ese es el objetivo: las parábolas plantean más preguntas que respuestas. Nos ayudan a ver más allá de lo obvio, hacia el significado más profundo que Jesús tenía en mente. Por eso las parábolas de Jesús siguen fascinándonos dos mil años después.

Parábola de la cizaña

La importancia de las parábolas es difícil de sobreestimar. Constituyen una parte sustancial de la predicación de Jesús. Los estudiosos consideran que las parábolas se encuentran entre los dichos que podemos atribuir con confianza al Jesús histórico; son, en su mayor parte, palabras auténticas de Jesús. Además, todos los grandes temas de la predicación de Jesús aparecen en las parábolas. Por tanto, quizá ninguna parte de los Evangelios pueda ponernos en contacto mejor con la mente de Jesucristo que las parábolas. Todavía hoy nos presentan el desafío con el que Jesús se encontró con sus oyentes en la Palestina del siglo I. Estas pequeñas historias (junto con el Padre Nuestro y las Bienaventuranzas) son las más conocidas de todas las palabras de Jesús. El hecho de que todas las parábolas, sin excepción, figuren en las lecturas del leccionario dominical da una medida del valor que la Iglesia les otorga.
Cuando Jesús predicó de manera tan sorprendente con parábolas, no creó un nuevo género literario. Por el contrario, utilizó brillantemente un género que ya tenía una larga tradición y que era familiar para todo el mundo mediterráneo. En Grecia y Roma, las parábolas eran empleadas por retóricos, políticos y filósofos. Quizás los más ilustres entre los que las utilizaron fueron Sócrates y Aristóteles. Una cuestión interesante es hasta qué punto las parábolas clásicas se parecen a las de la Biblia. (El lector puede desear leer la discusión de Aristóteles sobre la parábola en El “Arte” de la Retórica, Libro II). En Israel, las parábolas eran pronunciadas por profetas y sabios. Aparecen incluso en los libros más antiguos del Antiguo Testamento. Los rabinos judíos, contemporáneos de Jesús, utilizaban a menudo las parábolas.

Parábola del buen samaritano

Las parábolas de Jesús son algunas de las partes más conocidas y queridas de las Escrituras. Sin embargo, han sufrido una historia de mala interpretación en la Iglesia, sobre todo debido al debate sobre si las parábolas deben ser alegorizadas. Las parábolas son historias poderosas y memorables contadas por Jesús durante su ministerio, a través de las cuales enseñó a las multitudes sobre el reino de Dios, se enfrentó a sus oponentes exponiendo sus duros corazones, y desafió a sus discípulos (y a nosotros hoy) a comprometerse de todo corazón con él en cada aspecto de sus vidas.
La palabra “parábola” no era originalmente una palabra inglesa, sino que es una transliteración de la palabra griega “parabole”. Esta palabra se utiliza en el Nuevo Testamento griego para describir una amplia gama de lenguaje pictórico no literal y figuras del lenguaje. Se trata de historias más largas, como la del dueño de la viña (Mc 12,1ss), o de comparaciones para describir el reino de Dios, como la parábola del sembrador, a la que se da una interpretación alegórica detallada (Mc 4,2ss). También puede describir refranes más breves, como el de no poner vino nuevo en odres viejos (Lc 5,36), o incluso un proverbio (Lc 4,23).

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