El engaño de dios

El significado del gran engaño

En Juan 8:44, Jesús dice lo siguiente del Diablo: “Es un asesino desde el principio, y no se mantiene en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, habla por su propio carácter, porque es mentiroso y padre de la mentira”. El Diablo no sólo engaña, sino que es el padre del engaño.
El primer engaño registrado en las Escrituras procede de la lengua viperina del Diablo, cuando le dice a Eva que comer la fruta del árbol que Dios prohibió no resultará en la muerte (Génesis 3:4). Este acto encaja perfectamente con la definición de engaño, ya que el Diablo está haciendo declaraciones intencionadamente falsas para engañar a Eva y que desobedezca el mandamiento de Dios. Sin embargo, el hecho de que Eva fuera engañada no la exime a ella ni a Adán, que también tomó el fruto, de la responsabilidad de su desobediencia, ya que pecaron contra la verdad que Dios ya les había revelado (Génesis 2:16-17). Eligieron dudar y desobedecer la verdad de Dios y la cambiaron por la mentira del Diablo. Su pecado tuvo el efecto exacto que Dios prometió, ya que experimentaron miedo, vergüenza, culpa y, finalmente, la muerte física (1 Corintios 15:21). En lugar de llegar a ser como Dios, se volvieron espiritualmente muertos. Comenzaron a cambiar la culpa por su desobediencia consciente y voluntaria, intentando engañar a Dios. Adán culpó a Eva e indirectamente culpó a Dios mismo por darle a Eva; Eva culpó al Diablo (Génesis 3:12-13).

Ejemplos de engaño en la biblia

Estas palabras parecen referirse a los acontecimientos que rodearon la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Pero el engaño que Jesús tiene en mente es parte de un patrón continuo. Desde el principio, Satanás ha estado engañando al pueblo de Dios (Génesis 3:13). Seguirá haciéndolo hasta que se manifieste el inicuo “con todo poder, señales y prodigios mentirosos” (2 Tesalonicenses 2:9-10). La visión de Juan sobre el milenio finaliza con un desenfreno mundial de engaño por parte de Satanás (Apocalipsis 20:8). Por tanto, la advertencia de Jesús es pertinente para nosotros.
“Afortunadamente”, podemos decirnos a nosotros mismos, “los elegidos no están en peligro”. Pues las palabras de Jesús implican que somos incapaces de caer en el engaño satánico”. Pero leer el texto de esta manera es perder el punto, por dos razones:
No tiene en cuenta la evidencia de la historia. Los cristianos han sido, y son, capaces de ser engañados. ¿Acaso ninguno de los elegidos ha sido engañado en los últimos años para apoyar “ministerios” que han demostrado ser tan trágicamente diferentes en realidad de lo que profesaban ser? Tristemente, somos más fácilmente adictos a lo espectacular (“señales y maravillas”) que a lo sustancial, a la novedad (“falsos profetas”) que a una sana ortodoxia. Si pensamos que los cristianos no pueden ser engañados, el engaño ya ha comenzado.

¿qué dice la biblia sobre ser engañado?

El gran engaño es una película estadounidense de 1926 de drama mudo protagonizada por Basil Rathbone, Ben Lyon y Aileen Pringle. Está basada en la novela de 1915 La paloma amarilla, de George Gibbs, sobre el espionaje en la época de la Primera Guerra Mundial, adaptada previamente como película de 1919 Sombras de sospecha. Esta película es actualmente una película perdida[1][2][3][4] Una crítica del New York Times consideró que “esta obra fotográfica posee un elemento de misterio y suspense”[5].
Retrata las actividades de un agente encubierto británico, Cryil Mansfield, que se encuentra en Alemania como parte de un plan para proporcionar información falsa al alto mando alemán. Su misión se ve amenazada por Rizzio, un agente doble que utiliza a Lois, la amante estadounidense de Mansfield, como parte de un plan para atraparlo y ejecutarlo.

Gran engaño versículo bíblico kjv

Vivimos en un mundo lleno de mentiras, y el engaño proviene de muchas fuentes. Hay espíritus mentirosos que nos extravían (1 Timoteo 4:1); hay “malhechores e impostores” que buscan incautos (2 Timoteo 3:13); y, quizá lo más insidioso, tenemos que lidiar con nosotros mismos. El autoengaño es común en nuestro mundo caído.
Nuestros propios corazones son engañosos, tanto que nos engañamos fácilmente a nosotros mismos (Jeremías 17:9). Isaías 44:20 habla de un idólatra que es engañado por su propio “corazón engañado”. El profeta Abdías identifica la arrogancia como una de las raíces del autoengaño: “La soberbia de tu corazón te ha engañado” (Abdías 1:3). El orgullo humano siempre nos ciega a la verdad. Promete el honor, pero entrega la desgracia: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Proverbios 16:18).
Santiago 1:22 nos advierte que no nos engañemos a nosotros mismos: “No os limitéis a escuchar la palabra, y así os engañéis. Haced lo que dice”. El autoengaño que Santiago tiene en mente se refiere a una respuesta inadecuada a la verdad. La Palabra de Dios está destinada a cambiarnos (ver Salmo 119:11 y Juan 17:17). Podemos sentarnos en la iglesia durante años, escuchando un sermón tras otro, pero si nunca permitimos que la Palabra que oímos predicar nos cambie, entonces nos estamos autoengañando. Podemos leer la Biblia de principio a fin, pero si no ponemos en práctica sus mandatos, nos engañamos a nosotros mismos.

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