Sabores que percibe la lengua

Sabores que percibe la lengua

Partes del gusto de la lengua

La capacidad de saborear los alimentos es una cuestión de vida o muerte. No reconocer un alimento con un contenido calórico suficientemente alto podría significar una muerte lenta por desnutrición. No detectar un veneno puede provocar una muerte casi instantánea. Y ahora, a medida que los investigadores empiezan a comprender algunos de los aspectos básicos de la percepción del gusto, parece que el sentido del gusto también puede tener efectos más sutiles sobre la salud.
Los fundamentos del gustoEn la primera línea del sistema sensorial del gusto se encuentran las papilas gustativas -estructuras en forma de cebolla situadas en la lengua y en otras partes de la boca- (figura 1). Hasta 100 células receptoras del gusto -células epiteliales con algunas propiedades neuronales- están dispuestas en cada papila gustativa. En la lengua, las papilas gustativas están inervadas por la cuerda timpánica (una rama del nervio facial) y el nervio glosofaríngeo. Estos nervios llevan los mensajes gustativos al cerebro.
Figura 1. Esta papila gustativa procede de un ratón transgénico en el que la proteína verde fluorescente marcadora está dirigida por el promotor T1R3; entre el 20% y el 30% de las células de la papila gustativa expresan T1R3. (Fotografía por cortesía de Sami Damak, Mount Sinai School of Medicine, Nueva York, Nueva York, Estados Unidos).

5 ejemplos de sabores

La capacidad de saborear nos aporta algunas de las mejores cosas de la vida: el dulzor de los caramelos, el salado de las patatas fritas y el ácido de la limonada. Todos sabemos que empieza en la lengua, pero ¿cómo funciona realmente? Los científicos han descubierto que el sabor procede de una reacción en cadena que comienza en las proteínas sensibles de la lengua, recorre las papilas gustativas, entra en los nervios y termina en el cerebro. Uno de los descubrimientos más sorprendentes es que la sensibilidad al gusto varía de una persona a otra. Cada uno de nosotros vive en un mundo gustativo único, lo que hace que cada uno sea diferente en los alimentos que ama y odia.
Piensa en tu comida favorita. ¿Es la pizza? ¿El chocolate? ¿Sushi? Imagina tu comida favorita y el placer que te produce comerla. ¿Y qué hay de un alimento que no le guste? Los alimentos tienen muchas propiedades diferentes que contribuyen a su disfrute: el olor, la temperatura e incluso la sensación en la boca. Una de las propiedades más importantes de los alimentos es el sabor, la combinación de sensaciones dulces, ácidas, saladas, amargas y saladas que salen de la lengua. ¿Cómo se transmiten estas señales desde la boca hasta el cerebro? Esto ha sido un misterio durante mucho tiempo. Sin embargo, los científicos han descubierto detalles notables sobre las piezas que componen el sistema del gusto y cómo encajan entre sí [1].

Posición de las papilas gustativas en la lengua

Ser capaz de percibir las sustancias químicas del entorno a través del gusto y el olfato puede ayudar a un organismo a encontrar comida, evitar venenos y atraer a sus parejas. El ser humano puede percibir cinco sabores básicos: salado, ácido, amargo, dulce y umami. El sabor amargo suele indicar una sustancia peligrosa como un veneno, el sabor dulce significa un alimento de alto valor energético, el sabor salado indica una sustancia con alto contenido en sal, el sabor agrio indica un alimento ácido y el sabor umami indica un alimento con alto contenido en proteínas.
La superficie de la lengua está cubierta de pequeñas protuberancias visibles llamadas papilas. Las papilas gustativas están situadas dentro de las papilas, y cada papila gustativa está formada por células receptoras del gusto, junto con células de soporte y células basales, que con el tiempo se convertirán en células receptoras del gusto. Las células gustativas tienen una vida útil de aproximadamente dos semanas, y las células basales sustituyen a las células gustativas moribundas. Las células gustativas tienen microvellosidades que se abren en el poro gustativo, donde las sustancias químicas de los alimentos pueden interactuar con los receptores de las células gustativas. Aunque las células gustativas no son técnicamente neuronas, hacen sinapsis y liberan neurotransmisores en los axones aferentes que envían información sobre la percepción del gusto al cerebro.

¿qué zona de la lengua es más sensible a los sabores?

La capacidad gustativa nos aporta algunas de las mejores cosas de la vida: el dulzor de los caramelos, el salado de las patatas fritas y el ácido de la limonada. Todos sabemos que empieza en la lengua, pero ¿cómo funciona realmente? Los científicos han descubierto que el sabor procede de una reacción en cadena que comienza en las proteínas sensibles de la lengua, recorre las papilas gustativas, entra en los nervios y termina en el cerebro. Uno de los descubrimientos más sorprendentes es que la sensibilidad al gusto varía de una persona a otra. Cada uno de nosotros vive en un mundo gustativo único, lo que hace que cada uno sea diferente en los alimentos que ama y odia.
Piensa en tu comida favorita. ¿Es la pizza? ¿El chocolate? ¿Sushi? Imagina tu comida favorita y el placer que te produce comerla. ¿Y qué hay de un alimento que no le guste? Los alimentos tienen muchas propiedades diferentes que contribuyen a su disfrute: el olor, la temperatura e incluso la sensación en la boca. Una de las propiedades más importantes de los alimentos es el sabor, la combinación de sensaciones dulces, ácidas, saladas, amargas y saladas que salen de la lengua. ¿Cómo se transmiten estas señales desde la boca hasta el cerebro? Esto ha sido un misterio durante mucho tiempo. Sin embargo, los científicos han descubierto detalles notables sobre las piezas que componen el sistema del gusto y cómo encajan entre sí [1].

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