A que temperatura se encuentra el plasma de la corona solar

A que temperatura se encuentra el plasma de la corona solar

Corona estelar

La superficie visible del Sol, o la fotosfera, está a unos 6.000°C. Pero a unos pocos miles de kilómetros por encima de ella -una distancia pequeña si tenemos en cuenta el tamaño del Sol- la atmósfera solar, también llamada corona, es cientos de veces más caliente, alcanzando un millón de grados centígrados o más.
Este aumento de la temperatura, a pesar de la mayor distancia a la que se encuentra la principal fuente de energía del Sol, se ha observado en la mayoría de las estrellas, y representa un rompecabezas fundamental sobre el que los astrofísicos han reflexionado durante décadas.
En 1942, el científico sueco Hannes Alfvén propuso una explicación. Su teoría era que las ondas de plasma magnetizadas podían transportar enormes cantidades de energía a lo largo del campo magnético del Sol desde su interior hasta la corona, pasando por la fotosfera antes de explotar con calor en la atmósfera superior del Sol.
La teoría había sido aceptada provisionalmente, pero aún necesitábamos pruebas, en forma de observación empírica, de que estas ondas existían. Nuestro reciente estudio lo ha conseguido por fin, validando la teoría de Alfvén, de 80 años de antigüedad, y acercándonos un poco más a la posibilidad de aprovechar este fenómeno de alta energía aquí en la Tierra.

Comentarios

En 1724, el astrónomo franco-italiano Giacomo F. Maraldi reconoció que el aura visible durante un eclipse solar pertenece al Sol, no a la Luna. En 1809, el astrónomo español José Joaquín de Ferrer acuñó el término «corona»[3] Basándose en sus propias observaciones del eclipse solar de 1806 en Kinderhook (Nueva York), de Ferrer también propuso que la corona era parte del Sol y no de la Luna. El astrónomo inglés Norman Lockyer identificó el primer elemento desconocido en la Tierra en la cromosfera del Sol, que se llamó helio. El astrónomo francés Jules Jenssen observó, tras comparar sus lecturas entre los eclipses de 1871 y 1878, que el tamaño y la forma de la corona cambian con el ciclo de las manchas solares[4] En 1930, Bernard Lyot inventó el coronógrafo, que permite ver la corona sin necesidad de un eclipse total. En 1952, el astrónomo estadounidense Eugene Parker propuso que la corona solar podría ser calentada por una miríada de diminutas «nanoflares», brillos en miniatura parecidos a las erupciones solares que se producirían en toda la superficie del Sol.

Wikipedia

En 1724, el astrónomo franco-italiano Giacomo F. Maraldi reconoció que el aura visible durante un eclipse solar pertenece al Sol, no a la Luna. En 1809, el astrónomo español José Joaquín de Ferrer acuñó el término «corona»[3] Basándose en sus propias observaciones del eclipse solar de 1806 en Kinderhook (Nueva York), de Ferrer también propuso que la corona era parte del Sol y no de la Luna. El astrónomo inglés Norman Lockyer identificó el primer elemento desconocido en la Tierra en la cromosfera del Sol, que se llamó helio. El astrónomo francés Jules Jenssen observó, tras comparar sus lecturas entre los eclipses de 1871 y 1878, que el tamaño y la forma de la corona cambian con el ciclo de las manchas solares[4] En 1930, Bernard Lyot inventó el coronógrafo, que permite ver la corona sin necesidad de un eclipse total. En 1952, el astrónomo estadounidense Eugene Parker propuso que la corona solar podría ser calentada por una miríada de diminutas «nanoflares», brillos en miniatura parecidos a las erupciones solares que se producirían en toda la superficie del Sol.

Cromosfera

En 1724, el astrónomo franco-italiano Giacomo F. Maraldi reconoció que el aura visible durante un eclipse solar pertenece al Sol, no a la Luna. En 1809, el astrónomo español José Joaquín de Ferrer acuñó el término «corona»[3] Basándose en sus propias observaciones del eclipse solar de 1806 en Kinderhook (Nueva York), de Ferrer también propuso que la corona era parte del Sol y no de la Luna. El astrónomo inglés Norman Lockyer identificó el primer elemento desconocido en la Tierra en la cromosfera del Sol, que se llamó helio. El astrónomo francés Jules Jenssen observó, tras comparar sus lecturas entre los eclipses de 1871 y 1878, que el tamaño y la forma de la corona cambian con el ciclo de las manchas solares[4] En 1930, Bernard Lyot inventó el coronógrafo, que permite ver la corona sin necesidad de un eclipse total. En 1952, el astrónomo estadounidense Eugene Parker propuso que la corona solar podría ser calentada por una miríada de diminutas «nanoflares», brillos en miniatura parecidos a las erupciones solares que se producirían en toda la superficie del Sol.

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